
Salud y bienestar

Un tercio de las patatas fritas de bolsa es grasa, según un estudio realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en el que se ha analizado la cantidad de grasa de medio centenar de productos elaborados. De este informe se desprenden datos preocupantes para los expertos, como que el 52% de los alimentos que han formado parte de este estudio contienen grasas poco saludables, y por ello llaman a los fabricantes a incluir menos grasas saturadas en sus productos y que éstas sean más sanas para el hombre.
Mediante este estudio, que se publicará el próximo mes de junio en la revista OCU-Salud, esta entidad pretende también denunciar la existencia de una legislación permisiva y antiguada, ya que se remonta a 1983, que permite a los fabricantes utilizar en los alimento cualquier tipo de grasa que sea comestible.
La trampa de los 'aceites vegetales'
Así, en un comunicado señalan que esta legislación no obliga a mencionar en el etiquetado de qué grasa se trata, por lo que los empresarios pueden utilizar la mención "aceites vegetales", mención en la que cabe desde el aceite de oliva, hasta el de coco.
Dentro de los productos analizados, destaca la cantidad de grasa que contienen las patatas fritas, un 34%, lo que supone un tercio de la bolsa consumida. En este sentido, la OCU señala que, aunque este producto no se consuma a diario, cuando se hace, se consumen buenas raciones del mismo.
Entre las marcas destacan las Pringles Original, las patatas analizadas con mayor porcentaje de grasa, concretamente 39 mg por cada 100 gramos, seguida de Vidal sin sal que contiene 37 mg, las Lays al punto de sal, con 34 mg y las Santa Ana con 31 mg por cada 100 gramos.
La bollería, un 24% de grasas
A las patatas fritas le siguen los aperitivos de bollería, con una media de un 24% de contenido graso. Eso sí, según destaca la OCU, el colesterol se limita a aquellos productos que contienen entre sus ingredientes huevos, grasa láctea, nata o mantecas. De este modo, los Bizcochos Fontaneda contienen hasta 88 mg por cada 100 gramos y le siguen los Madame Brioche con 80 mg y La Bella Easo Rosquillas con 62 mg/100 gramos.
Estas cantidades son muy elevadas para la organización, que precisa que la ingesta de colesterol debe limitarse a 300 mg al día, aunque explican que los niveles en sangre se relacionan más con la presencia de grasas saturadas en la dieta que con la ingesta del propio colesterol.
En este sentido, la Organización señala que es la grasa lo que hace a estos alimentos apetecibles, sin embargo no debería ser una excusa y llamaron a los fabricantes a esforzarse por incluir en sus productos sólo la grasa que sea imprescindible y sobre todo la más saludable.
Por ejemplo, que eviten las grasas trans, ya que son las que aumentan los niveles de colesterol y las únicas que son inútiles para el cuerpo humano. De hecho, los expertos aconsejan no consumir este tipo de grasa, mientras que las saturadas, polisaturadas o monosaturadas aconsejan que se consuma hasta un 10%.
Las galletas, un 94% de saturadas
Sin embargo, tampoco la cantidad de estas últimas grasas se controla. De hecho, el informe señala un porcentaje preocupante en saturadas como es el de las galletas Artinata Artiach que contienen hasta un 94% de este tipo de grasa. Otras marcas como Filipinos Krafft, Creme tropical de Gullón, Chiquilín Artiach y Fontaneda Digestive contienen más del 50% en saturados.
También es elevada la cantidad de grasas en los aperitivos, como el 74% de saturadas que incluye el producto Tuc Tuc Bacon o Snacks craques Mini Río que marcan un 63%. El documento señala que los productos con menos grasas son los panes blancos.
Del estudio se desprende también que los fabricantes usan y abusan de los aceites de palma y de coco, muy económicos y fáciles de manipular. Sin embargo, ambos se consideran poco beneficiosos para la salud. En la calidad global de la grasa, la OCU valora el porcentaje de grasas saturadas y de grasas trans. El 52% de los productos obtiene una mala nota, un resultado preocupante.

¿Es niño o niña? Esta pregunta puede tener a partir de ahora una respuesta casi inmediata. Los padres podrán satisfacer su curiosidad sobre el sexo del feto a la octava semana de embarazo y así discutir sólo sobre nombres de niño o de niña, además de poder decorar a su gusto la habitación del futuro hijo. Además podrán anticiparse los diagnósticos de enfermedades como la hemofilia o la distrofia muscular de Duchenne, que afectan principalmente a los niños.
Hasta ahora, había que esperar hasta la vigésima semana de gestación para poder ver en una ecografía los genitales y así dilucidar si se trataba de niño o niña. El avance es producto de las investigaciones del laboratorio granadino Lorgen en colaboración con el Hospital Materno Infantil Virgen de las Nieves de Granada y la Fundación para la Investigación Biosanitaria (FIBAO) y permite conocer a los dos meses de gestación si el futuro bebé será niño o niña con una fiabilidad superior al 98% (con más exactitud que el método empleado anteriormente).
El método es un simple análisis de sangre, "una técnica no invasiva a diferencia de la amniocentensis o la cordocentesis, que requieren introducirse en la placenta", afirma Javier Valverde, director general de Laboratorios Lorgen. Valverde ha explicado que consiste en "tomar una muestra de sangre de la madre y por una serie de técnicas forenses separar de ella el ADN del futuro bebé. En esa muestra se buscan marcadores específicos del cromosoma Y". En caso de encontrar los marcadores se trataría de un niño, ya que las niñas tienen dos cromosomas X.
Para comprobar los resultados han realizado un ensayo clínico junto con el hospital Materno Infantil Virgen de las nieves. 120 pacientes se sometieron a la prueba y los resultados mostraban una fiabilidad casi total.
Aplicaciones clínicas
Este estudio, además de calmar la curiosidad de los padres, ayudará a conocer el sexo de forma prematura y, por tanto, poder realizar otras pruebas en caso de que sean necesarias. Por ejemplo, en familias con antecedentes de hemofilia o distrofia muscular de Duchenne, que afecta principalmente a los niños. Antes había que esperar hasta el quinto mes para tomar medidas, a partir de ahora se podrán adelantar las pruebas dos meses.
Por este motivo, la prueba será gratuita en caso de que la familia cuente con antecedentes de enfermedades monogénicas, y que por tanto, la madre necesite cuidados y atención especial durante el embarazo. Si se trata de un caso extremo de curiosidad, el coste oscila entre 120 y 130 euros.
Ahora el laboratorio está realizando una segunda fase del estudio para poder identificar por el mismo procedimiento el RH del feto, ya que si una madre con RH negativo está embarazada de un niño con RH positivo es necesario someterla a un tratamiento "para que su cuerpo no ataque al futuro bebé". En un futuro, pretenden poder estudiar, a partir del ADN fetal, enfermedades genéticas como el síndrome de Down, "aunque estas técnicas son mucho más complejas ya que implican estudios más profundos de los genes. En el caso del sexo es mucho más fácil, ya que se trata de encontrar ese cromosoma Y", concluye Valverde.
Los niños que viven con un perro en casa tienen menos riesgo de padecer en el futuro alergias respiratorias, según un estudio alemán que se publica en el número de mayo del Periódico europeo de neumología. La investigación, dirigida por Joachim Heinrich,
demuestra que la convivencia con este animal doméstico desde la primera infancia no sólo no está asociada a una sensibilización específica contra el pelo de los perros, sino que, por el contrario, está claramente asociada con un índice significativamente más bajo de sensibilización al polen y alergias respiratorias.
El estudio, que se ha realizado con 9.000 niños desde su nacimiento hasta los 6 años, prueba también que el efecto protector observado en los niños que vivían en casa con un perro no se observaba en los que tenían contacto de manera regular con perros fuera del hogar. Los investigadores no han encontrado tampoco correlación entre el hecho de poseer un perro con el desarrollo de enfermedades alérgicas.
Según Heinrich, la exposición precoz a los gérmenes que se instalan en los pelos de los perros puede además estimular el desarrollo del sistema inmunitario de los niños.
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